Reflexiones e Historias

2/05/2016

Re(Sentimiento)

Tu recuerdo invade mi mente. Te veo borroso, lejano y muy desconocido a lo que eras, recuerdo un pasado inmensamente bello, una historia que dudo mucho que haya personas que la puedan vivir, he tenido la suerte de vivirla una vez y espero que no se vuelva a repetir, te lo explicaré...

Fue una experiencia agridulce. Me sentí como una niña ingenua y muy obediente. Me llamaba y yo corría detrás de él, si algo le gustaba y lo quería, yo se lo conseguía, con tan solo verle feliz, hice cosas que jamás hubiera hecho por otra persona. Me encantaba mucho que dijera mi nombre, una era porque me necesitaba, y otra era porque al escucharle, mi respirar se paralizaba. Una vez me dijo; "Dices demasiadas cosas", a lo que yo le contesté;" yo hablo, no prometo, y cuando digo algo, lo cumplo". Cada palabra que decimos se tiene que sentir, las tenemos que cumplir, una palabra carece de sentido si no le acompaña su acción. Sus palabras fueron semejantes al humo, una vez salieron, cabalgaron a lomos del viento, y ahora, ese humo, cada vez que mire al cielo y vea las nubes se acordará de sus palabras y de mi ausencia. Le prometí quererle día tras día, noche tras noche, regalarle incluso él tiempo que carecía, él también me lo prometió, pero nunca llegó, se quedó señalado en un calendario, concretamente él día 14 de febrero, pues era él unico día que se acordaba que tenía a alguien a su lado. Dejó de demostrarme, dejó de alimentarme y de tanto dejarme de lado, se cayó de espaldas.

¿Cómo diablos cambió la historia de lo bello a ser una enfermedad tan dolorosa?

Llevé bastantes meses un concierto mudo, una balada de violín triste dentro de mí cuando se trataba de estar con él, o cuando me preguntaban por él. Para mí era él océano y yo tan solo era un pez para él. Noté que mis promesas de quererle de sol a sol fueron perdiendo brillo y calidez y te prometo que intenté reanimar mi amor por él. No me creía que yo, de lo enamorada que estaba de él, dejé de echarle de menos, dejar de escribirle, de no necesitarle nada, pensé en quererme más y recoger la dignidad que él ahogó en él mar. ¿Quién me quería en aquel entonces? porque yo no, y si alguien lo hacia no me daba cuenta, y él, mucho menos. Solo recibí reproches por no ser la misma, y es que, como buena niña que fui, aprendí y crecí de que no debo entrar a medias a nadie. O todo o nada, ir despacio esta bien, en la fábula la tortuga ganó a la liebre pero no me gusta perder él tiempo cuando somos personas, es lo más valioso que tenemos, ¿Quiere ser una tortuga? al menos que se ponga ruedas. No soy un rato y luego una desconocida, lo siento cariño, me he hecho una mujer que ha visto a los fantasmas, se ríe de tus cuentos de mayores y de poder mirarte con la cabeza bien alta.


Los fantasmas no existen, tan solo es una imaginación nuestra para torturarnos en nuestros temores, y tú me das risa.