Reflexiones e Historias

1/16/2016

Consejo Amurallado

Queremos ganar la batalla, deseamos que el César señale con su pulgar hacia el cielo, pues es allí donde se postran las estrellas más antiguas y recordadas. El entender propio no es un argumento para vivir, no puedes creer todo lo que te dices a ti mismo: Eso nunca me va a servir; no me interesa; nunca lo haría; no es mi problema...

En cambio, cuando estamos al lado de alguien las tornas cambian, nuestro pensar cambia, las elecciones y decisiones que nosotros no podemos escoger por indecisión: esto te servirá más de lo que crees; Créeme que te interesa; lo tienes que hacer...

Somos unos seres inentendibles, demasiados empaticos, cuando le damos consejo a un amigo, aun familiar porque queremos aliviar su dolor, intentar que se anime o se tranquilice, al hacer esto y sin darnos cuenta, nos autoyudamos, piénsalo por un instante, te costara creértelo pero nos ayudamos a nosotros mismos sin saberlo, porque es más fácil ponerse en la piel y en la vida de otra persona para mostrar tus verdaderos sentimientos, que decírtelo a ti mismo, nuestro cerebro es tan listo que nos obliga a hablar lo que antaño no pudimos expresar, ahora tenemos un confidente, un amigo, que atraviesa lo mismo que en su día pasaste tú, ayúdale dice tu cerebro, libérame grita tu corazón.

Elige lo que quieres de verdad, expresa lo que tienes que expresar, no te lo guardes, no lo encierres entre las sombras de tu interior, si el sentimiento quiere salir déjalo que fluya, no lo tapies, porque al paso de los meses o años esa pared se irá agrietando, tus sentimientos piden paso como un ejército que está dispuesto a destrozar las rocas de la muralla construida para defender tu corazón, para poder entrar a la fortaleza, lo que en su día pudo haber sido un entendimiento verbal, esta vez se convertirá en una guerra. Una vez que la primera roca de la catapulta colisione en la muralla no hay vuelta atrás, son más fuertes que tu orgullo, créeme, que cuando esto suceda, estarás sucumbido en una tristeza antigua, pues es la amargura que llevabas escondida durante años, un viaje a los recuerdos sombríos, unos recuerdos que al no ver nunca un destello de luz, quieren hablar, pues han estado mucho tiempo durmiendo, están esperando con ansias el mundo exterior.


Es más fácil callar que hablar, pero hay una solución para eso, un termino medio, escribe.